José Fortuño para a-infos
En la segunda ronda de conversaciones auspiciadas por el Secretario del Trabajo, se produjo un nuevo tranque, lo que significa que la huelga de los telefónicos puertorriqueños continúa hasta la semana que viene, al menos. El tranque está en la negativa de la Telefónica de Puerto Rico a garantizar que no habrá despidos ni medidas disciplinarias conta los huelguistas.
Las negociaciones siguen a dos entusiastas asambleas que cada unión realizó el jueves, donde ambas matrículas se reafirmaron en continuar con la huelga hasta que se garantice que no habrá represalias. Ambas uniones se comprometieron a entrar juntas o permanecer juntas en la calle.
Si bien las asambleas evidenciaron que las matrículas están firmes y decididas a continuar la lucha, los vaivenes de las direcciones en los últimos días han causado la pérdida del momentum de la lucha, que, hasta hace sólo una semana, iba en ascenso continuo. El foco ha sido cambiado de la oposición a la venta a la exigencia de no represalias y las posiciones de los dirigentes han oscilado entre entrar sin condiciones o exigir garantías. El efecto observable es el de una desmovilización en las líneas de piquetes, la cancelación de importantes actividades como era el paro en el área este, y un sentimiento generalizado en el pueblo de que el movimiento se ha estancado.
Importantes líderes del movimiento sindical han criticado abiertamente al liderato de las uniones telefónicas por estar negociando y por dejar de impulsar la línea de la lucha. José Valentín, presidente de la Unión de Trabajadores de la Industria Eléctrica y Riego, UTIER, que han parado en total cinco días en solidaridad con los telefónicos, manifestó que existe una gran desorganización en el liderato de la huelga.
Valentín dijo que simpatiza con la idea de regresar a trabajar, pero entiende que es un error el estar negociando con la gerencia. "Se tiraron a la calle sin negociar, ¿por qué para volver hay que exigir garantías?" se preguntó Valentín, y añadió "si toman represalias contra ellos cuando entren, pues a la calle de nuevo".
Las debilidades mostradas por el movimiento llaman la atención especialmente porque el gobierno no ha logrado, hasta ahora, presentar una imagen clara y definida. Por un lado, las ofertas y contraofertas de GTE y TISA tienen al Comité Negociador de Privatización sin descanso. Comentarios recientes dan a entender que, aunque la oferta de TISA supera en varios aspectos la de GTE, ésta última va a quedarse con la transacción. Esto añade a las suposiciones previas de que hay gato encerrado.
Por otro lado, el gobernador Pedro Rosselló sigue dando traspiés cada vez que enfrenta la prensa sobre este asunto. Llevaba diez días sin hacer presentaciones públicas, hasta hoy, que ofreció una conferencia de prensa en la playa de Vega Baja, vestido de hombre rana, luego de colocar una tarja en un barco español hundido durante la guerra hispanoamericana de 1898. Al ser preguntado sobre su opinión acerca del comentario del Comisionado Residente en Washington, Carlos Romero Barceló, de que el gobernador estaba en su peor momento, éste respondió, en inglés: "Frankly, my dear, I don't give a damn". La frase, tomada de la película Lo que el viento se llevó, se traduce como "francamente, querida, me importa un carajo". En ese momento, abruptamente, concluyó la conferencia de prensa.
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